Harina de algarroba y diabetes: ¿qué sabemos sobre sus posibles beneficios?

Harina de algarroba y vainas de algarrobo, alimento estudiado por su posible interés en diabetes y prediabetes

La harina de algarroba destaca por su contenido en fibra y polifenoles, componentes cuyo posible papel en la salud metabólica está siendo investigado.

La harina de algarroba, un alimento tradicional de la dieta mediterránea, está despertando un renovado interés científico por su composición y por sus posibles efectos sobre la salud metabólica.

Su elevado contenido en fibra y polifenoles, y especialmente la forma en la que ambos componentes se encuentran asociados formando lo que los investigadores denominan «complejo fibra-polifenol», está siendo estudiado por su potencial interés en personas con prediabetes y diabetes.

La investigadora Jara Pérez, del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN-CSIC) y del Foro Teófilo Hernando, ha explicado recientemente las investigaciones desarrolladas hasta el momento y ha insistido en un aspecto fundamental: aunque los resultados son prometedores, los estudios realizados en humanos todavía son escasos.

¿Qué tiene de especial la harina de algarroba?

La algarroba es el fruto del algarrobo (Ceratonia siliqua), un árbol característico de la región mediterránea.

El fruto está formado por una vaina que contiene las semillas. Estas últimas se utilizan habitualmente en la industria alimentaria para obtener goma garrofín, empleada como espesante. Sin embargo, la vaina constituye una importante fuente de fibra y polifenoles.

Precisamente, una de las particularidades que está despertando el interés de los investigadores es que en la harina de algarroba parte de esos polifenoles se encuentran asociados a la fibra mediante diferentes enlaces químicos.

Es lo que se conoce como complejo fibra-polifenol.

¿Por qué puede resultar interesante? Porque actualmente sabemos que la fibra no solo interviene en el tránsito intestinal. También interactúa con la microbiota intestinal, mientras que los polifenoles de los alimentos vegetales se estudian, entre otros aspectos, por su relación con la microbiota, la inflamación y el riesgo cardiometabólico.

¿Qué se ha observado en diabetes?

Las investigaciones realizadas hasta ahora ofrecen algunas señales interesantes, aunque es importante distinguir entre los resultados obtenidos en animales y en personas.

En un estudio realizado con ratas diabéticas, la suplementación de la dieta con una combinación de cacao puro y harina de algarroba se asoció con mejoras en el metabolismo de la glucosa, determinadas alteraciones cardíacas y funciones relacionadas con la microbiota intestinal.

Posteriormente, un estudio piloto realizado en personas con diabetes tipo 2, utilizando esa misma combinación, observó entre sus resultados un aumento de la sensación de saciedad.

Este último dato resulta especialmente interesante desde el punto de vista metabólico, pero también obliga a ser prudentes: se trató de un estudio piloto y, además, la intervención combinaba harina de algarroba con cacao puro. Por tanto, estos resultados no permiten atribuir el efecto exclusivamente a la harina de algarroba.

METACAROB: estudiar la algarroba específicamente en prediabetes

Una de las líneas de investigación actualmente en marcha es METACAROB, un proyecto financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades en el que participa Jara Pérez.

El proyecto se centra específicamente en estudiar la harina de algarroba en personas con prediabetes y analizar sus posibles implicaciones metabólicas.

La prediabetes constituye un ámbito de especial interés para la investigación nutricional porque las modificaciones del estilo de vida, incluida la alimentación, tienen un papel fundamental en la prevención o retraso de la progresión hacia diabetes tipo 2. Las recomendaciones dietéticas actuales continúan situando el patrón global de alimentación y el estilo de vida en el centro de la prevención y el manejo metabólico.

¿Puede una persona con diabetes consumir harina de algarroba?

Según explica Jara Pérez, desde el punto de vista de la seguridad, una persona con diabetes puede consumir harina de algarroba dentro de una alimentación saludable, utilizándola como una fuente de fibra y polifenoles.

Esto no significa, sin embargo, que exista actualmente una cantidad concreta de harina de algarroba que deba consumirse para mejorar el control glucémico.

La propia investigadora señala que los estudios en humanos son todavía insuficientes para establecer una recomendación de consumo diario.

También hay que tener en cuenta el alimento en el que se incorpora. Utilizar harina de algarroba en un producto de repostería elaborado además con harinas refinadas y grasas de baja calidad no convierte automáticamente ese producto en una opción saludable.

Un alimento interesante, pero no un tratamiento para la diabetes

La atención que está recibiendo la harina de algarroba no debería llevar a considerarla un nuevo «superalimento» para controlar la diabetes.

A día de hoy, la evidencia disponible no permite afirmar que la harina de algarroba trate la diabetes ni que pueda sustituir las recomendaciones nutricionales, el ejercicio, la medicación o el seguimiento sanitario.

Lo que sí justifica el interés científico es su particular composición en fibra y polifenoles y los primeros resultados obtenidos en investigación experimental y clínica.

De hecho, trabajos recientes con otros preparados derivados de la algarroba también apuntan hacia posibles efectos metabólicos. Un ensayo aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo realizado en 52 personas con prediabetes estudió durante 90 días un concentrado líquido específico de algarroba rico en inositoles y encontró mejoras en distintos parámetros relacionados con el metabolismo de la glucosa. Sin embargo, se trata de un producto distinto de la harina de algarroba y los propios autores señalan la necesidad de estudios más amplios y prolongados.

Por tanto, no debemos extrapolar esos resultados directamente al consumo habitual de harina de algarroba.

La investigación tendrá que determinar ahora hasta qué punto el complejo fibra-polifenol de la harina de algarroba puede traducirse en beneficios metabólicos clínicamente relevantes y qué cantidades serían necesarias para conseguirlos.

Por el momento, la algarroba recupera protagonismo no como una solución frente a la diabetes, sino como un alimento mediterráneo cuya composición merece seguir siendo investigada.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *